Credit risk es el riesgo de que un deudor o una contraparte, la otra parte obligada por un contrato, no cumpla lo acordado. Puede aparecer en un préstamo, un bono o bitcoin prestado a una empresa a cambio de intereses. Hay que saber quién debe pagar, qué debe, cuándo vence y qué derechos tienes si surgen dificultades. Una caída del precio de mercado no significa por sí sola que el deudor haya dejado de pagar.
Imagina una empresa que debe devolverte 100 USD, dólares estadounidenses, en una fecha acordada. Ya tenemos deudor, importe y plazo; solo entonces podemos evaluar el cumplimiento. El contrato y las normas aplicables determinan también cuándo un retraso u otro hecho constituye incumplimiento. No existe un número universal de días de espera para todas las deudas. Si mientras tanto un bono baja de 100 a 95, eso no demuestra por sí solo un impago: el mercado puede haber reaccionado a los tipos de interés. A la vez, la capacidad de pago de una empresa puede deteriorarse mucho antes de la primera cuota incumplida. Por eso examinamos sus finanzas y las condiciones de esa deuda concreta. [1]
Un suceso poco frecuente puede salir caro. Bank for International Settlements (BIS) utiliza PD para la probabilidad de incumplimiento; LGD para la proporción que se pierde si ocurre; y EAD para la exposición en ese momento, el importe del derecho de cobro. Ese derecho representa lo que la otra parte nos debe. Nuestro modelo anual simplificado usa PD 2%, LGD 60% y EAD 100 USD. El cálculo 0,02×0,60×100 = 1,2 USD expresa la pérdida esperada bajo esos supuestos. No significa que cada año se vaya a dar de baja exactamente ese importe. Tampoco es un límite máximo de pérdida: un préstamo individual puede acabar mucho peor. Es un modelo sencillo, no el cálculo completo del capital bancario ni un sustituto de analizar al deudor. [2]
Saber que una empresa en dificultades aún tiene activos no basta: hay que saber a quién corresponden. Nuestra liquidación deja activos por 70 USD, un crédito garantizado de 50 respaldado por ellos y otro sin garantía de 40. Con el orden supuesto y sin costes, el primer acreedor recibe 50 y el segundo los 20 restantes. Este recupera 20/40 = 50% de su crédito. Costes, demoras, otros derechos preferentes o una garantía inválida pueden cambiar el resultado. Una garantía no es una palabra mágica: importan su efecto jurídico y los derechos ajenos sobre el mismo activo. [3]
Una calificación crediticia es la opinión de una agencia sobre la calidad crediticia de un deudor o una deuda concreta. Investor.gov advierte que ni siquiera AAA garantiza el pago. La nota de la empresa puede diferir de la de un préstamo o bono suyo. Tampoco cubre todos los riesgos de precio ni la facilidad para vender una inversión. Comprueba quién la emitió, cuándo y qué evalúa; la nota aislada no basta. Que una agencia esté registrada en la SEC, el regulador estadounidense de los mercados de valores, no implica que esta apruebe sus calificaciones. Incluso una deuda bien calificada puede ofrecerse a un precio que no quieras pagar. [4]
Si una empresa ofrece intereses por los bitcoins que le entregas, pregunta de dónde salen y quién debe devolver el depósito. Nuestro contrato promete 1 BTC más intereses de 0,05 BTC. Tras el incumplimiento solo recuperamos 0,4 BTC. Frente al depósito inicial faltan 0,6 BTC, es decir, 60%; frente a toda la promesa, faltan 0,65 BTC. Comparamos importes, sin determinar cómo el contrato distribuye lo recuperado entre principal e intereses. Este rendimiento no lo produce el protocolo de Bitcoin: depende de la actividad y capacidad de pago de la empresa. Identifica al deudor legal, los posibles préstamos posteriores de los activos, los derechos en una insolvencia y la moneda del crédito. Un saldo positivo en una aplicación no demuestra que se puedan retirar los bitcoins. [5]
Repartir dinero entre empresas puede ayudar si no las afecta el mismo problema. Sin embargo, nuestros dos préstamos de 50 USD cada uno van a firmas dependientes del mismo mercado. Si ambas incumplen y cada una devuelve la mitad, la pérdida es 25+25 = 50. Los nombres distintos no eliminaron el golpe común. También pueden compartir propietarios, garantías o un mismo avalista. El avalista es otra parte que se compromete, bajo ciertas condiciones, a pagar en lugar del deudor. El aval traslada así parte del riesgo a esa persona o entidad; importan su solvencia y la posibilidad de exigir el compromiso. No cuentes solo contratos: examina los riesgos que comparten. [1]
En contabilidad aparecen IFRS 9, la norma internacional sobre instrumentos financieros, y ECL, las pérdidas crediticias esperadas. La ECL a doce meses contempla incumplimientos posibles en los próximos 12 meses desde la fecha de los estados financieros, pero incluye sus consecuencias monetarias durante toda su vida, ponderadas por probabilidad. Si nuestro deudor hipotético incumpliera en el mes 10 y parte se recuperase en el mes 24, no se debe ignorar esa recuperación posterior. También cuenta cuándo llega el dinero. La ECL de vida completa contempla posibles incumplimientos durante toda la vida esperada del instrumento; el enfoque depende de las reglas y del estado crediticio del instrumento, incluido un aumento significativo del riesgo desde que se registró por primera vez en la contabilidad. No se puede trasladar automáticamente este tratamiento a US GAAP, las normas contables estadounidenses, ni a todos los productos cripto. [6]
Los ingresos del deudor pueden caer justo cuando baja el valor de la garantía y cobrar tarda más. Los problemas se refuerzan en la práctica. Nuestro escenario de tensión eleva PD a 10% y LGD a 80%, con EAD 100 USD: 0,10×0,80×100 = 8 USD en vez de los 1,2 iniciales. No es una previsión, sino una prueba con supuestos distintos. Por eso necesitamos ingresos y pagos actuales, vencimientos, protección jurídica e información fiable. Un promedio sencillo es un punto de partida útil, no una descripción completa de pérdidas extremas. Toda promesa de rentabilidad devuelve a la misma pregunta: quién pagará y con qué recursos. [1] [2]
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