Monetary Premium, o prima monetaria, es la parte de una valoración atribuida al uso de un activo para pagar o conservar poder adquisitivo. Un activo es algo de valor que se puede poseer, como oro o bitcoin. El poder adquisitivo indica cuántos bienes y servicios se pueden comprar con una cantidad determinada. La prima no es una comisión ni una rentabilidad adicional garantizada. Sirve para analizar los motivos de la demanda; normalmente su tamaño no puede observarse por separado en el precio de mercado.
Anna repara la bicicleta de un vecino. En lugar de otra bicicleta, acepta algo que después podrá cambiar fácilmente por comida. Su valor no está solo en usarlo directamente: facilita el siguiente intercambio. El economista Carl Menger empleó este razonamiento para explicar por qué las personas aceptan bienes fáciles de vender aunque no necesiten consumirlos. Esa facilidad puede ser un servicio deseado. Es la explicación teórica de un mecanismo, no una prueba de que todas las formas de dinero de la historia surgieran de la misma manera. [1]
El oro ayuda a entenderlo. Una persona busca material para joyería; otra quiere un lingote como reserva. Ambas demandas confluyen en un único precio. Para separar una prima monetaria habría que estimar cuánto costaría el oro sin demanda de reservas. Ese precio no se observa directamente: en ese mundo hipotético también podrían cambiar la extracción y los demás usos. El coste de producción no equivale automáticamente a ese valor de base. Restar el coste de extracción al precio de venta no ofrece, por tanto, una respuesta fiable. [1] [3]
Bitcoin no es un metal que pueda convertirse en una joya o una pieza. Puede interesar para transferir valor y conservarlo conforme a las reglas de una red sin emisor central. Ese servicio puede ser útil sin un uso material convencional. Decir que su precio es pura prima monetaria no demuestra por sí solo que carezca de valor. Tampoco promete una subida. Una oferta limitada no basta si nadie quiere el activo. Importan la demanda futura, la utilidad, los riesgos de mantenerlo y las alternativas; los costes de minería no garantizan un precio mínimo. [3] [5]
Anna puede guardar Bitcoin para el futuro, pagar una compra o fijar directamente en él el precio de su trabajo. Son tres funciones distintas del dinero: conservar poder adquisitivo, actuar como medio de intercambio y servir de unidad de cuenta para expresar precios. No tienen por qué desarrollarse juntas. Una tienda puede aceptar pagos en Bitcoin y seguir fijando precios en coronas checas, convirtiendo el importe al cobrar. Un precio alto o muchos tenedores no indican cuántos pagos cotidianos se realizan. Las expectativas de aceptación futura pueden reforzar o debilitar la demanda actual. [3]
Veamos un cálculo ilustrativo sin relación con el mercado actual. Un activo cuesta 100 y su valor estimado por usos no monetarios es 40. La diferencia de 60 equivale al 60 % del precio de mercado, pero al 150 % de la base estimada. Una misma diferencia produce porcentajes distintos según el divisor. Además, todo depende de una estimación del valor no monetario que puede ser discutible y cambiar con otros supuestos. Un porcentaje de prima necesita un denominador, es decir, la cantidad sobre la que se calcula el porcentaje, además del método de estimación y la fecha. La cifra sola no mide un componente del precio observable por separado. [1]
Market Cap, o capitalización de mercado, multiplica un precio elegido por una cantidad de unidades. En acciones utiliza la cotización y las acciones en circulación; en Bitcoin, el precio y la medida de oferta seleccionada. Valora unas existencias, no el dinero guardado dentro de ellas. Una operación a otro precio puede revalorizar unidades que nadie ha negociado. El aumento de capitalización no equivale a una entrada neta de efectivo igual de grande, ni todos los tenedores podrían vender necesariamente a ese precio. Repartir la supuesta prima monetaria del oro entre bitcoins crea un escenario con supuestos, no un precio futuro seguro. [4] [5]
Una comparación más avanzada aparece en el estudio de Arvind Krishnamurthy y Annette Vissing-Jorgensen sobre deuda del Tesoro estadounidense. Los inversores pueden aceptar menos rendimiento financiero a cambio de facilidad de negociación y de la seguridad que atribuyen a esos títulos. Esos beneficios de mantenerlos se llaman convenience yield; no son un cupón adicional, es decir, un pago de intereses que recibe el inversor. El estudio muestra que los activos pueden prestar servicios valorados además de realizar pagos. Pero una diferencia de rentabilidad entre bonos no se transforma sin más en un porcentaje de prima de Bitcoin. Hay que tener en cuenta sus distintos riesgos y características. [2]
Una explicación útil vuelve de la cifra atractiva a los supuestos que la sostienen. ¿Qué servicio valoran las personas? ¿Qué alternativa existe y qué podría hacer que dejaran de quererlo? Hay que separar el precio observado y la facilidad de venta de una estimación del mundo sin uso monetario. La confianza, la aceptación y los costes de uso pueden cambiar. Monetary Premium nombra un motivo para mantener un activo. Por sí solo no demuestra infravaloración ni una burbuja, ni promete rentabilidad sin riesgo. [2] [3] [5]
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