Denationalisation of Money es la propuesta de Hayek de eliminar el derecho exclusivo del Estado a emitir moneda y permitir la competencia entre distintas unidades monetarias. Las personas podrían elegir cuáles usar y mantener. El Estado podría seguir emitiendo su propia moneda, pero perdería el monopolio. El emisor crea una moneda concreta y gestiona su cantidad; la unidad monetaria es aquello en lo que expresamos precios y deudas.
El libro apareció por primera vez en 1976. Hayek buscaba limitar la inflación y otros trastornos monetarios mediante la competencia. Inflación significa un aumento del nivel general de precios: normalmente, la misma cantidad de dinero compra menos. A Anna no le preocupa tanto el nombre del billete como lo que consigue con sus ingresos. Los mejores resultados que esperaba Hayek son un argumento de su propuesta, no un efecto aquí demostrado de un sistema ya implantado. [1]
Imagina que Anna puede aceptar otra moneda y pagar también con ella al proveedor de harina. Si la actual la decepciona, tiene una alternativa utilizable. Poder aceptar o rechazar una moneda es el centro del argumento de Hayek. El emisor no podría confiar en que todos estuvieran obligados a quedarse. Varios logotipos en una aplicación no bastan: importa que las monedas puedan usarse realmente y que sea posible pasar de una a otra. [3]
Hayek plantea un banco hipotético que emite una unidad propia llamada ducat. A petición del titular y según su elección, entregaría 5 francos suizos, 5 marcos alemanes o 2 dólares por ducat. Es un compromiso concreto de conversión. No es un producto actual ni la moneda histórica de oro del mismo nombre. Las cantidades pertenecen al ejemplo del autor, no a los tipos de cambio de hoy. [2]
Además de la conversión, Hayek describe el objetivo de mantener un poder adquisitivo aproximadamente constante frente a una cesta de bienes elegida. Piensa en cantidades definidas de distintas mercancías cuyo precio conjunto sirve de referencia. No es una promesa de entregar esas mercancías desde un almacén bancario. Anna debe separar dos preguntas: qué puede exigir al banco y hasta qué punto la moneda cumple su objetivo anunciado. Una respuesta no sustituye a la otra. En esta propuesta, el banco asumiría la obligación legal de convertir su moneda en las divisas indicadas, pero no la de mantener un poder adquisitivo constante. [2]
En nuestro ejemplo sencillo, la cesta observada cuesta inicialmente 100 unidades y luego 110. La unidad ha perdido poder adquisitivo frente a ella. El emisor de Hayek ajustaría la cantidad a la demanda y al objetivo de precios; la oferta no quedaría fijada para siempre. Es una propuesta de gestión, no una garantía de éxito. Incluso un precio constante de la cesta completa permitiría que variase el de la harina o cualquier artículo individual. [2]
Anna puede tener cuentas en distintos bancos y calcular todo en coronas checas. Cambia de institución, no necesariamente de unidad monetaria. El número de bancos no es el número de monedas. Hayek distingue así su propuesta del debate anterior sobre Free Banking, donde los bancos emitían billetes convertibles en una moneda común establecida. Para comparar sistemas hay que saber si compiten emisores de unidades diferentes o si varios bancos utilizan la misma unidad. [2]
Hayek también contempla que el abandono de la moneda antes exclusiva acelere su depreciación. La transición no sería automáticamente fluida. En nuestro ejemplo, Anna tendría que pensar en los pagos futuros, pero también en sus ahorros y contratos existentes. La llegada de una alternativa no protege por sí sola el valor de toda obligación anterior. Son riesgos de transición que deben evaluarse, no una prueba de que todos los cambios acabarán igual. [2]
Al comparar con Bitcoin u otro proyecto, empieza por las reglas, no por la etiqueta «dinero privado». ¿Quién puede cambiar la cantidad de unidades? ¿Existe un emisor al que exigir algo? ¿Qué significa exactamente la estabilidad prometida? ¿Puede el usuario marcharse de verdad? La competencia monetaria ayuda a plantear estas preguntas. Poder elegir no implica que toda moneda ofrecida sea fiable ni que su precio no pueda caer. [3]
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