Methane Mitigation comprende prevenir fugas, repararlas y capturar el metano para aprovecharlo o destruirlo antes de que llegue al aire. No es sinónimo de minería de Bitcoin. Reducir emisiones, expresarlas en una unidad climática común y obtener un crédito reconocido son cosas distintas.
La Agencia Internacional de la Energía, IEA, incluye entre las medidas LDAR: detección y reparación de fugas. También puede ayudar sustituir equipos que liberan gas al funcionar o capturarlo y aprovecharlo. En Flare Gas Mining y Landfill Gas Mining, la máquina de minería consume electricidad producida por un generador. Sus ingresos pueden facilitar un proyecto, pero no repara válvulas ni captura metano por sí misma. Conviene preguntar qué cambios ocurrirían sin máquinas de minería y cuáles hace posibles realmente el proyecto nuevo. [1]
Primero necesitamos una referencia, llamada baseline: una estimación documentada de la situación sin el proyecto. No podemos borrar de ella una antorcha existente, el equipo que quema gas sobrante. U.S. EPA, la agencia estadounidense de protección ambiental, describe la continuidad de la captación y quema de gas de vertedero incluso después de terminar la generación eléctrica. Si ya se quemaba el gas, un generador nuevo no evita automáticamente su liberación íntegra. También cuentan los compradores anteriores y lo que sucede durante las interrupciones. [5]
La fórmula química del metano es CH4. U.S. EPA explica que parte puede atravesar el motor sin quemarse; también puede haber fugas en la alimentación de combustible o durante averías. La eficiencia eléctrica no es la eficiencia de destrucción del metano: una indica qué parte de la energía del combustible se convierte en electricidad; la otra, qué fracción del metano recibido se transforma al quemarse. Un generador no está libre de emisiones. Hay que seguir todo el recorrido del gas, no solo leer el contador eléctrico. [3]
IEA distingue la observación por satélite de áreas extensas y las mediciones dirigidas a fuentes menores. Cambian la cobertura y el tamaño de fuga detectable. Que una imagen no muestre nada no demuestra emisiones anuales nulas. Se necesitan el caudal de gas, la proporción de CH4, el tiempo de funcionamiento y datos sobre fugas e incertidumbre de medición. También deben constar las paradas y los períodos sin datos. Una laguna no es un ahorro verificado: hay que distinguir lo medido de lo estimado. [1]
U.S. EPA explica GWP, el potencial de calentamiento global: permite comparar el efecto de distintos gases durante un período elegido. GWP20 y GWP100 usan horizontes de 20 y 100 años, respectivamente. El metano permanece menos tiempo en la atmósfera que el dióxido de carbono, por lo que el horizonte modifica mucho su peso relativo. La conversión a CO2e, equivalente de dióxido de carbono, unifica la expresión del efecto climático, no las masas físicas de los gases. Hay que declarar método y factor. Evitar emisiones no equivale a retirar CO2 de la atmósfera. [4]
Tomemos un ejemplo propio simplificado, solo para CH4: el proyecto emite 1 kg de metano durante el período estudiado. Sin él se liberarían, según el escenario documentado, 100 kg; la diferencia es 99 kg. Si sin el proyecto solo escaparan 2 kg, la diferencia sería apenas 1 kg. La operación no cambió; cambió la comparación. Este contraste con una referencia fundamenta la contabilidad de proyectos de GHG Protocol. El nombre, abreviado de Greenhouse Gas Protocol, designa un conjunto de estándares para calcular y comunicar las emisiones de gases de efecto invernadero. Nuestro ejemplo no es un balance completo de CO2e: faltan otros gases y actividades asociadas. [2]
GHG Protocol exige considerar los efectos secundarios significativos además del principal. En un proyecto minero hay que examinar cambios en la captación de gas, electricidad auxiliar, transporte y posibles cambios en la extracción de gas fósil. No se trata de sumar indiscriminadamente toda actividad cercana, sino de identificar cambios causados por el proyecto frente a la misma referencia. Si un efecto se excluye por insignificante, la justificación debe poder consultarse. De lo contrario, una cifra atractiva puede resultar de dejar fuera partes incómodas de la operación. [2]
Aquí, un crédito de emisiones es una unidad de reducción reconocida conforme a las reglas de un programa concreto. GHG Protocol distingue la reducción de un proyecto del inventario empresarial, el registro de emisiones de una organización. Su método no garantiza la admisión en un programa de créditos. Este puede exigir adicionalidad: demostrar, según sus reglas, que la reducción reconocida no ocurriría de todos modos sin el apoyo correspondiente o el proyecto. Una afirmación rigurosa indica período, referencia, mediciones, incertidumbres y método. Los ingresos mineros se evalúan aparte. Una operación rentable puede carecer de un beneficio climático adicional demostrado, y una reducción real de fugas puede no ser rentable. [2]
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