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DigiCash

La empresa de David Chaum y sus pagos digitales privados

Cuando pagas en efectivo, tu banco normalmente no sabe qué has comprado. ¿Podría conservarse una privacidad parecida en internet? David Chaum y su empresa DigiCash buscaron cómo emitir dinero digital que un banco aceptara sin poder vincular su número de serie con la retirada original. Fue un paso importante hacia el efectivo electrónico, pero todavía no era Bitcoin.

DigiCash fue una empresa fundada por David Chaum en 1990. Su tecnología eCash empleaba firmas digitales ciegas para proteger la privacidad de los pagos. Sin embargo, el dinero seguía emitiéndolo un banco que, en el procedimiento habitual en línea, también comprobaba si ya se había gastado. DigiCash combinaba pagos más privados con la confianza en un emisor central.

Imagina que Ana quiere comprar un artículo en internet. Un pago con tarjeta genera un registro que relaciona su cuenta, el comercio y el importe. David Chaum se preguntó si esa relación era realmente necesaria en cada pago digital. No le bastaba con ocultar los datos en una base de datos segura: quería que el banco careciera de un método criptográfico directo para asociar una moneda digital gastada con su retirada. DigiCash era la empresa que llevaba su investigación a la práctica; eCash, el nombre de la tecnología de pago. Ninguna de las dos cosas significaba una red sin bancos. [1] [6]

Tomemos un ejemplo sencillo de un dólar. Ana accede a su cuenta bancaria y solicita efectivo digital. El monedero, un programa de su ordenador que prepara y guarda las monedas digitales, prepara un número único para la moneda y lo oculta mediante una transformación matemática. El banco descuenta un dólar de su cuenta y firma los datos transformados. Conoce, por tanto, a la cliente y el valor retirado, pero no el número original que identificará la moneda más adelante. No se crea dinero gratis: la emisión de la moneda va acompañada del descuento del importe correspondiente en la cuenta. [5] [7]

El procedimiento se llama blind signature, o firma ciega. Puede ayudar imaginar una papeleta dentro de un sobre opaco a través del cual se imprime un sello verificable. En realidad, no hay papel, sino una operación matemática cuidadosamente diseñada. La firma digital no es una imagen de una firma manuscrita. Un programa la calcula con una clave privada que el banco mantiene en secreto; la clave pública correspondiente permite a otros verificarla. Tras la firma, el monedero de Ana retira la ocultación y la firma sigue siendo válida para la moneda original. Después se puede comprobar que el banco emisor la firmó. La ocultación no permite convertir una moneda de un dólar en un importe arbitrariamente mayor. La clave está en combinar un número de serie oculto con una firma verificable. [2] [5] [6]

Ana envía la moneda al comercio, que la presenta al banco emisor. En el procedimiento en línea, el banco comprueba la firma y si ese número apareció en algún pago anterior. Si todo es correcto, acepta la moneda y abona al comercio el valor correspondiente. El comerciante no necesita fiarse de que Ana diga que el dinero es válido. Al canjearla, el banco ve la moneda y al receptor, pero la firma ciega no revela por sí sola en qué retirada se creó esa moneda concreta. Es más preciso que decir que el banco no ve nada. [5] [7]

Los datos digitales se pueden copiar, de modo que Ana podría enviar la misma moneda a dos comercios. Eso es un double spend, o doble gasto. Aquí lo evita el banco mediante una base de datos de números ya canjeados: rechaza un número que vuelva a presentarse. No lo comprueban una cadena pública de bloques ni los mineros. Chaum, Amos Fiat y Moni Naor también investigaron procedimientos sin conexión en los que el gasto repetido podía revelar al responsable después. Es un mecanismo distinto de la comprobación inmediata en línea; no pueden confundirse para prometer idénticas garantías en cualquier pago sin conexión. [5] [7]

Chaum presentó las firmas ciegas en una investigación de 1982 y fundó DigiCash en Ámsterdam en 1990. Las primeras pruebas por internet usaban CyberBucks: unidades experimentales, no dólares bancarios corrientes. El 23 de octubre de 1995, DigiCash y la entidad estadounidense Mark Twain Bank anunciaron el lanzamiento de un servicio de efectivo electrónico en dólares. La diferencia era importante: ya no se trataba solo de probar un programa, sino de retirar valor de una cuenta real. Aun así, anunciar un servicio no demuestra por sí solo que el gran público adoptara esa forma de pago. [1] [3] [7]

Ana puede seguir teniendo una cuenta a su nombre. El banco conoce sus retiradas y sus importes; el comercio puede conocer su dirección de entrega o su cuenta de cliente. Comparar horarios e importes también puede aportar pistas. Una firma ciega protege una relación concreta dentro del sistema de pago, no todas las huellas de una compra. También importa el ordenador que prepara la moneda: un programa malicioso puede destruir la privacidad antes del pago. La tecnología busca limitar asociaciones innecesarias entre registros, no garantizar la invisibilidad total. [6] [7]

La moneda digital representa aquí un valor reconocido por un emisor concreto. Si el banco o el servicio deja de funcionar, la criptografía por sí sola no garantiza que un comercio acepte ese dinero o que pueda canjearse. También cuentan las condiciones del servicio y la conservación del monedero. Ni siquiera debe darse por hecha la recuperación de datos perdidos: el anuncio de 1995 presentaba la recuperación mediante un valor inicial secreto llamado seed como un plan para futuras versiones. Aquel plan no equivale a una copia de seguridad estándar de un monedero Bitcoin actual. Privacidad, disponibilidad y exigibilidad del valor monetario son cuestiones distintas. [7]

En noviembre de 1998, WIRED informó de que DigiCash había solicitado protección bajo el Chapter 11 estadounidense, un procedimiento concursal que permite reorganizar la empresa. El reportaje describía deudas y dificultades para lograr suficiente adopción. Eso no demuestra que alguien hubiera vulnerado las firmas ciegas. Un diseño matemáticamente sólido no basta para que una tecnología prospere: también necesita bancos dispuestos a operarla, comercios y clientes interesados en usarla. Conviene, no obstante, distinguir esa explicación general de la afirmación de que conocemos una única causa exacta de la caída de toda la empresa. [4]

Bitcoin abordó después otra parte del mismo problema: transferir valor digital sin un banco que emita monedas y mantenga el registro decisivo de las ya gastadas. Los nodos son ordenadores cuyo programa comprueba las transacciones según reglas compartidas. Las transacciones se agrupan en bloques enlazados. Proof of Work es el trabajo de cálculo necesario para crearlos; ese trabajo hace costoso reescribir el historial registrado. Sin embargo, los pagos se registran en un historial público: eliminar al emisor no proporciona automáticamente la misma privacidad que las firmas ciegas. DigiCash es, por tanto, algo más que un Bitcoin fallido. Muestra que la privacidad y la independencia de una institución son objetivos distintos, y que ambos deben tenerse en cuenta al valorar un sistema de pago. [5] [8]

Para obtener la imagen más completa, lee esta entrada junto con David Chaum, Chaumian eCash, Blind Signature, Privacidad en Bitcoin, Doble gasto, Bitcoin. También enlazan con esta entrada Chaumian eCash, Blind Signature, Digital Cash.

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